Christian Translation  

Dar - Recibir

 

DAR-RECIBIR
“No des sólo lo superfluo, da tu corazón…”
Madre Teresa de Calcuta


La naturaleza es tan sabia y perfecta que de ella podemos aprender lo que necesitamos conocer para vivir una vida genuinamente plena y en la verdad de lo que es… y no de lo que imaginamos que „debe ser‟.

Todos sabemos que la respiración es una función central de nuestro cuerpo; es lo primero que hacemos al venir a la vida y es lo último que hacemos cuando nos despedimos de ella; solemos decir: “exhaló su último aliento”.

La respiración se convierte en una acción involuntaria e inconsciente mientras vivimos, y además nos enseña en una forma simple la importancia de dar y recibir. El cuerpo inhala y no se queda con el aire retenido; exhala y no se queda con los pulmones vacíos. Hay un ritmo de inhalar: tomar aire y oxígeno… y exhalar: botar anhídrido carbónico.

Extraordinariamente en la perfección de la creación, los árboles producen y emanan el oxígeno (figurativamente hablando, „exhalan oxígeno‟) y toman anhídrido carbónico para vivir (figurativamente hablando, „inhalan anhídrido carbónico‟). ¡Qué perfecta analogía de dar y recibir entre los árboles y los seres vivos!

Dar y recibir es un concepto teóricamente comprendido por todos, mas increíblemente vivido erróneamente en su plenitud por la mayoría. Hemos aprendido a condicionar el dar y nos hemos olvidado de la esencia. Hemos escuchado hasta el cansancio que uno debe „dar sin esperar nada a cambio‟, lo que obviamente ata la incondicionalidad al acto de dar, compartir, servir.

La confusión estriba en que solemos pensar que cuando realizo un trabajo, por ejemplo, debo recibir la debida y justa retribución por el mismo, ¡lo cual es absolutamente cierto y correcto! Ahora bien, el tema es ¿dónde pongo el foco? Si centro mi atención en el trabajo que desempeño -no importa cuál sea éste- realizándolo con esmero, con amor, desde mi corazón y dando lo mejor de mí, entonces estoy dando incondicionalmente. Lo que recibo en retribución: el pago, el agradecimiento y la satisfacción de la otra persona por mi trabajo bien hecho, fluye hacia mí con la misma energía positiva del amor y gratitud.

Por otra parte, si mi foco está centrado en lo que voy a recibir a cambio, entonces estoy condicionando mi dar y el trabajo desempeñado no es realizado con iguales intenciones y, por ende, sufre en calidad. En otros ámbitos de la vida, en nuestro diario vivir, nuestras acciones deben enmarcarse en el dar incondicionalmente, porque sólo así, la vida me retornará en retribución a su debido momento. ¡Siempre pasa! Es una ley natural de la vida, del universo y de Dios.

Así como el inhalar es tan importante como el exhalar, recibir es tan importante como dar. Muchas personas se niegan a recibir, cerrando sus puertas (y a veces hasta las ventanas) a cualquier acción de dádivas provenientes de otros y de la vida. Es así como se resisten a recibir consejos, opiniones, ayuda… y hasta las más sencillas expresiones de amor que los demás le ofrecen. No nos damos cuenta de que al obrar así, estamos obstruyendo el flujo natural de esa energía que, al igual que la respiración, debe fluir rítmicamente para no ahogarnos.

Cuando recibo, es importante que dé en retribución, lo cual no significa hacer trueques, ni tampoco sentirme o estar obligado a dar “lo mismo” (como lo entienden muchos superficialmente). „Dar en retribución‟ puede ser una acción tan simple como expresar agradecimiento con una sonrisa o una palabra amable. Un ejemplo típico en nuestra vida es el de los regalos: como tú me diste un regalo en navidad, yo te doy también uno… o como me diste un regalo en mi cumpleaños, en el tuyo me preocupo por comprarte uno también… Y muchas veces las personas compran un regalo que esté dentro del mismo rango (precio, condición, etc.) que el otro entregó. Esto es egoísmo y soberbia. Cuando das de verdad, tu dádiva procede de tu amor, del corazón. Es genuino y honesto. Y puede ser un regalo costoso, como puede ser un simple papel con algo hermoso escrito; o incluso ser un abrazo cálido, una sonrisa o un simple “gracias”.

Hay personas que les encanta recibir, pero dan muy poco (de sí mismos, de lo que poseen); también hay quienes dan muchísimo de sí mismos y de lo que poseen, pero reciben poco… no se abren a recibir!

¡Es sabio aprender a dar! Mientras más damos, más recibiremos. ¡Es sabio aprender a recibir! Ya que con ello permito que fluya en otros y en mí la energía del dar y recibir en forma armónica y perfecta. Cuando recibo una compensación monetaria por algún servicio prestado, es importante que pongamos nuestra atención e intenciones en ese servicio que prestamos, no en
lo que por él recibiremos; y es importante acostumbrarnos a dar siempre más de lo que el otro espera. Esto crea un extraordinario balance y equilibrio entre el dar y recibir en nuestra vida.

Cultivar una continua actitud de gratitud es parte del dar y recibir en nuestra vida. Agradecer siempre lo que se tiene, lo que se recibe, lo que se vive….. Ver el vaso medio lleno, no medio vacío. Vivir en el milagro, no en el lamento. Poner nuestra atención en aquello que tenemos hoy y agradecer su presencia, en vez de estar pendiente de lo que quisiéramos tener, de lo que nos falta. ¡Siempre, siempre, siempre demos las gracias! Agradece todo el tiempo.

Comienza cada día agradeciendo y cultiva este sentimiento y esta acción.

Cuando agradecemos, nos ponemos en contacto con nuestra fuente central de energía positiva y bienestar interno; contactamos nuestra chispa divina. Liberamos endorfinas y serotonina copiosamente, las cuales son substancias químicas que fortalecen nuestro sistema inmune y nos procuran salud y bienestar integral. Cuando cultivas una constante actitud de gratitud, es verdaderamente extraordinario el sentimiento de bienestar que sentimos.

Cultivemos conscientemente el dar y recibir en nuestro diario vivir. ¡Ábrete a lo maravilloso de la vida y al milagro que Dios ha creado para cada uno de nosotros! Salte del listado de personas que se escudan en el „miedo a la muerte‟, cuando en verdad le tienen „miedo a la vida‟.

Gisela Echeverría G.
Marzo 1, 2011